Casi todo el mundo llega con la solución ya puesta: una web, un chatbot, una automatización. Yo lo hago al revés. Primero miro cómo trabajáis y luego te digo qué merece la pena resolver con IA, qué no compensa tocar y por dónde empezaría. Gratis, en menos de 48 horas y aunque la conclusión sea que no te hace falta nada.
Solo necesito saber a qué te dedicas.
Te llaman para venderte una web, un chatbot o una automatización. Da igual lo que necesites: es lo que esa empresa sabe hacer, así que es lo que te ofrece.
Te enseñan su producto y luego buscan el hueco donde encaje. Si no encaja, se fuerza. Acabas pagando algo que usas a medias.
Reviso cómo funciona tu negocio por dentro y qué te está costando tiempo o clientes. La solución sale de ahí, no de mi catálogo.
Un documento con las seis áreas revisadas, qué haría en cada una y en qué orden lo abordaría. Escrito para que te sirva aunque no vuelvas a saber de mí.
Las tareas que se repiten igual muchas veces son las que salen rentables. Te digo cuáles son las tuyas y en qué orden las abordaría.
Hay cosas que no deben automatizarse: negociar, resolver una queja delicada, cerrar una venta grande. Si te lo digo, te ahorro dinero.
No todo a la vez. Lo que da resultado antes, con lo que ya tienes, sin cambiar todas tus herramientas de golpe.
Tres miran hacia dentro, a lo que te come el día. Tres miran hacia fuera, a los clientes que se caen por el camino sin que nadie lo apunte en ningún sitio.
Llamadas que no coges, mensajes que se acumulan y las mismas preguntas contestadas veinte veces por semana.
Lo que se copia de una herramienta a otra: del formulario a la hoja, de la hoja al programa de facturación, y vuelta a empezar.
Presupuestos que son casi iguales, facturas, albaranes y ese informe de cada lunes que ya te sabes de memoria.
Cuánto tarda alguien en recibir respuesta cuando te escribe fuera de horario, y cuántos no vuelven por eso.
Huecos que se quedan vacíos, gente que no aparece y presupuestos enviados que nadie volvió a mirar.
Qué datos tienes tirados en sitios distintos y qué decisiones estás tomando a ojo porque nadie los junta nunca.
El sector y qué tarea os come más tiempo. Dos campos. Ni registro, ni tarjeta, ni una llamada para calificarte.
Miro cómo trabaja un negocio como el tuyo, dónde suele atascarse y qué se ha resuelto ya en otros parecidos. No lo hace una herramienta: lo hago yo.
Las seis áreas, qué haría en cada una y por dónde empezaría si fuese mi negocio. Si prefieres que te lo cuente en directo, te paso un hueco.
Hay herramientas que te escupen un informe de cuarenta páginas en treinta segundos. Para esto no sirven: ninguna sabe que los martes se te juntan las visitas, ni que llevas el stock en una libreta porque el programa que compraste no te encajaba.
Así que lo hago a mano. Miro tu sector, lo que me cuentas y lo que ya he resuelto en negocios parecidos. Entre veinte y treinta minutos por cada caso. Por eso hago diez a la semana y no cien.
Si al terminar te interesa que lo montemos, hablamos. Si no, te quedas el diagnóstico y lo aprovechas como quieras, conmigo o sin mí.
Cada una lleva entre veinte y treinta minutos de trabajo real: entender el sector, revisar dónde se atasca un negocio así y escribir el diagnóstico. Diez es lo que cabe sin que baje la calidad. Cuando se llenan, la siguiente entra el lunes.